El Gobierno finlandés presentó hoy un nuevo plan estratégico nacional del sector energético que prevé, entre otras medidas, prohibir por ley el uso del carbón para la producción de electricidad a partir de 2030.

De ser aprobado por el Parlamento, donde el Ejecutivo goza de una cómoda mayoría, Finlandia se convertiría en el primer país del mundo que legisla el abandono total del carbón como fuente de energía, a fin de cumplir sus objetivos de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

El plan estratégico presentado hoy supone una decidida apuesta por las energías renovables, con especial hincapié en los biocombustibles, y la reducción paulatina del uso de carburantes fósiles.

En concreto, el Ejecutivo finlandés de centro derecha quiere que no se construyan nuevas centrales térmicas alimentadas con carbón y propone que las ya existentes adapten sus instalaciones para sustituir esta materia prima por residuos de la industria forestal y biomasa.

El objetivo del Gobierno es que las energías renovables supongan al menos el 50 % del consumo energético nacional antes de 2030, con la meta de que se acerque lo más posible al 100 % en 2050.

Asimismo, pretende reducir a la mitad el consumo de combustibles fósiles, como la gasolina y el diésel, antes de 2030 respecto a los niveles de 2005 e incrementar al tiempo el porcentaje de biocarburantes como el etanol desde el 13,5 % actual hasta el 30 %.

Para ello, propone concentrar los estímulos públicos en subvencionar los vehículos menos contaminantes y apoyar las inversiones en nuevas fábricas de biocombustibles.

El transporte es uno de los sectores con más emisiones de gases de efecto invernadero y por ello es también uno de los más afectados por el plan estratégico del Ejecutivo finlandés.

El objetivo del Gobierno de Helsinki es que en 2030 haya al menos 250.000 coches eléctricos y otros 50.000 impulsados con gas, en un país con 5,5 millones de habitantes.

También planea incentivar la renovación del parque móvil, el segundo con los vehículos más antiguos de Europa, con una edad media de 11,7 años, según la ministra de Transporte, Anne Berner.

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