Ha llegado el momento para que las baterías gigantes revolucionen el sector eléctrico gracias a inversiones millonarias de fondos como Investec, Mitsubishi UFJ Financial Group y Prudential Financial en proyectos a gran escala que van desde California a Alemania.

Uno de los problemas de las energías renovables, eólica y solar, es la incapacidad para responder a los picos de demanda. La producción es constante siempre que haya viento y sol y si no se consume se pierde. Es una característica de la mayoría de fuentes de energía, que queda subsanada con la introducción en el sistema de electricidad procedente de ciclos combinados para cubrir los aumentos de consumo. Pero normalmente suele ser mucho más cara que el resto.

El problema de almacenamiento ha sido el gran quebradero de cabeza de los ingenieros para tener un sistema eléctrico más eficiente. Tener la capacidad de generar electricidad cuando es más barata para utilizarla posteriormente en momentos de alto consumo. Las baterías gigantes cubren esta necesidad, pero hasta ahora el desarrollo tecnológico las hacía prohibitivas en términos económicos.

Sin embargo, el coste de la batería gigante ha bajado un 40% desde 2014 y los gestores de la red eléctrica están exigiendo su uso para evitar la alta volatilidad de los precios de la electricidad. Las compañías eléctricas están aumentando los contratos y los fabricantes esperan invertir más de 2.300 millones de euros en instalaciones de almacenamiento durante este año. El sector está experimentando una situación parecida a la que vivieron hace años las energías renovables. Ya son rentables para los inversores con la demanda que existe.

A un paso del boom

Los fabricantes venían financiando sus proyectos con sus propios recursos y gracias a los contratos de servicios a mercados mayoristas y a eléctricas. Pero los expertos subrayan que ya se ha superado esa fase y que se está produciendo grandes inversiones. “La entrada de grandes cantidades de dinero es el primer paso para la despliegue de la tecnología”, comenta a Brad Meikle, analista de Craig-Hallum Capital, a Bloomberg.

Los contratos de almacenamiento hasta la fecha en Estados Unidos y Canadá rara vez exceden de tres años, explica Bryan Urbana, jefe de operaciones de América del Norte del fabricante suizo de baterías gigantes Leclanché. Ahora las compañías eléctricas están firmando acuerdos hasta de siete años, y algunas veces hasta de diez años.

“En lugar de flujos de ingresos cortos e inciertos, ahora los productores de baterías tienen contratos a más largo plazo con seguridad para los inversores”, explica Logan Goldie-Scot, especialista de Bloomberg en almacenamiento de electricidad.

California las va a utilizar

Prudential financió a Renewable Energy Systems Americas para el desarrollo de instalaciones de 20 megavatios. CJF Capital y SUSI Partners tienen en cartera de 12 megavatios en proyectos en Canadá.

Otra señalas es la apuesta de la administración pública para almacenar electricidad. El estado de California se ha comprometido a instalar sistemas para contar 1,3 gigavatios de capacidad para 2020, y Massachusetts anunciara pronto sus propios objetivos.

Pero a pesar de la reducción de costes, la utilización de baterías eléctricas sigue una gestión cara de la electricidad. Los productores todavía tienen pocos datos para demostrar su utilidad dentro de los sistemas eléctricos. Los mercados mayoristas están diseñados para valorar el precio de producción y de demanda, por lo que les resulta complicado valorar el uso de electricidad almacenada.

El sello Tesla

Además, la tecnología todavía no está estandarizada. Conviven baterías de litio con baterías de flujo y baterías inerciales. Distintos sistemas que ofrecen diferentes posibilidades para almacenar electricidad. A la vez que provoca incertidumbre para los inversores, que no quieren apostar por una tecnología que se puede quedar obsoleta.

En la memoria de los banco de inversión está reciente la quiebra de compañías, como A123 Systems, Xtreme Power y Beacon Power, que dejaron grandes agujeros en sus balances.

Pero la nueva generación de productores de baterías lleva el sello de compañías como Tesla, LG, Samsung o Panasonic, grandes empresas tecnológicas con músculo financiero que dan confianza a los grandes inversores.

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